viernes, 6 de mayo de 2022

el alcohol es veneno es inspiración es veneno


Mientras la neblina del alcohol aún me ciega la mente, después de haberme tomado más de un litro de vinotinto, recapacito sobre las múltiples formas en las que perdí el control y reflexiono que fastidié todo y que terminé sintiéndome ridículo y pidiéndote perdón y atormentándome por la culpabilidad de todas las maneras en las que te traicioné en mi mente.

Mientras imparto una clase y el sol me deslumbra y martilla las paredes de mi cerebro, llegan algunos flashazos de las cosas que hice hace dos días: había planeado escribir en el puente y había planeado enfocarme en mi abuelo y entrar en la zona, pero terminé enfocándome en algunos textos inconclusos que escribió mi otro yo... ese pobre diablo que estaba desesperado por establecer una comunicación sexual en un mundo paralelo con mujeres inventadas, adivinadas, reales o prohibidas. 

Mientras pienso en ejemplos que aclaren los temas de los que hablo, trato de ignorar a los estudiantes que llegan tarde, aún sabiendo, desde hace dos semanas que hoy tienen que exponer porque no entregaron una tarea; trato de ignorar a una estudiante que espera entrar al aula con un perro que dará en adopción; trato de ignorar a otra estudiante que se queja amargamente porque uno de los artículos del tema que les tocó exponer tenía muchas páginas; trato de ignorar a otra estudiante que tapizó su exposición con veinte mil oraciones y que leyó descaradamente cada una de las veinte mil oraciones de las diapositivas de su presentación en Power Point.

También recuerdo que hablé en clase de las distintas etapas de la adicción y que me recordé a mí mismo escalando del consumo recreativo (curioso) con compañeros de laboratorio, al atracón solitario en el departamento de Xola; y que estuve a punto de llegar a la compulsión en Agua Caliente, cuando estaba en el limbo (escribiendo la tesis del doctorado, viviendo con mis ahorros y esperando la respuesta de los revisores de un artículo de investigación y la solicitud de ingreso al posdoc), y que, de ahí, estuve a nada de transitar a la pérdida de control y a las emociones negativas provocadas por la abstinencia... a punto de llegar al del síndrome de abstinencia, a la psicosis de Korsakoff y al delirium tremens... todo esto, mientras recordaba vagamente mi atracón del miércoles 4 de mayo.

Luego, al volver a la casa, pensando en escribir, busco en mi libreta las anotaciones que hice con la venda del alcohol en los ojos, y leo: “juega Seattle vs UNAM. suena Smells like teen spirit en el estadio. ¡cuánto me gustaría tener un pozo inagotable de dinero y estar en eventos similares! los pájaros picotean el domo. para qué me sirve una libreta si no tengo una pluma. me gusta levantarme temprano cuando sale el sol. cuando las palomas gorjean. cuando los gatos maúllan. cuando ella duerme. antes escribía por las mañanas pero ahora salgo a correr. odio tener compromisos e incluso seguir una agenda para escribir. decido no salir a correr. debo escribir cómo recuerdo que era mi vida antes de que me diagnosticaran diabetes. todas mis preocupaciones desaparecen cuando me emborracho. todas mis preocupaciones se ocultan tras la niebla del alcohol. amanece un sol deslumbrante que me calienta. amanece un puente colgante que cruzo. los sonidos flotan en mis oídos y me remontan a recuerdos felices. ¿me pasará lo mismo que a mi abuelo?¿moriré joven, como mi abuelo? me precipito momentáneamente en un abismo de nostalgia. recupero poco a poco la sobriedad. tengo arcadas. la realidad es más aterradora que antes.” 

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