martes, 2 de junio de 2020

Adore de Smashing Pumpkins (1998)



Cada vez que escucho este álbum, no me siento feliz; más bien, me invade una oleada de tristeza que no puedo explicar completamente. Aunque me encuentre en el lugar más cálido del planeta y en el día más soleado del año, me basta cerrar los párpados durante unos segundos para tener un ataque de hipotermia y presentir una tormenta.

Conforme transcurren los primeros segundos de Adore y la voz de Billy Corgan surge abruptamente y le canta a un ser que lo hace sentirse real, yo siento que toda mi energía me va abandonando y que mi vida ha sido una mentira; siento que se me va formando un nudo en la garganta y que poco a poco me va costando más trabajo respirar; siento que la vida de repente ha adoptado un color gris y que las calles por las que camino diariamente están desiertas; siento que el viento sopla fuertemente en esas calles y que golpea mi rostro y que me arranca algunos mechones de cabello y que su fuerza es tan imponente que me arrastra sin que yo pueda evitarlo.

Conforme transcurre la segunda canción y Billy Corgan le canta a una mujer que adora, que ve como a una prostituta y también como a una madre para su hijo y como a un hijo para su corazón y como a una amante en su cama y como a un arma en su cabeza, y trata de convencerla de que a pesar de todo lo que piensa de ella, jamás deben separarse, mis oídos son como unos audífonos que sólo capturan las vibraciones de su voz, independientemente de los instrumentos viento y siento que el viento invade todas las paredes de mi cerebro y que yo mismo me convierto en viento: siento que soy invisible y que sin embargo nadie puede negar mi existencia. 

Cuando escucho Shame, el sonido del viento desaparece y me encuentro alucinando y me parece que estamos en el otoño y que está lloviendo a cántaros y que mis huesos comienzan paulatinamente a sentir los estragos de la humedad. Quiero recuperar que preferiría tumbarme en la cama e intentar dormir para aclarar mi mente ponerme a llorar y tumbarme en la cama, donde nadie me vea. sin embargo debo salir a la calle a cumplir con un millón de compromisos que pacté tontamente y que aborrezco. 

Cierro los párpados y la voz de Billy Corgan me arrastra por la calle desierta y lluviosa que he visualizado, y sus palabras estallan en mi cabeza como granadas de melancolía y las letras de sus canciones hablan de todas las cosas que me ocurrirán, si me atrevo a caminar por mí mismo bajo la lluvia. 

La música de Adore penetra cada poro de mi piel y la asocio con distintos eventos aislados que no guardan ninguna relación entre sí. Recuerdo las primeras semanas del tercer semestre de la carrera. Recuerdo lo aburridas que me resultaban las clases. Recuerdo la aridez de los libros de la carrera que supuestamente debía revisar. Tomaba clases de teorías de la personalidad y de psicometría y de desarrollo psicológico, y todos los profesores me parecían carentes de pasión. Jamás intentaban dar ejemplos de los conceptos que revisábamos en clase. Todas las clases eran para seguir instrucciones. Los profesores nunca hablaban de temas polémicos, ni procuraban hacernos reparar en los eventos que ocurrían en el país y en el mundo. Tengo la impresión de que pasaban estas cosas, pero quizá simplemente era demasiado idiota para notar el esfuerzo que hacían para enseñarnos. 

Recuerdo la clase de novelas que leía en esa época y el lenguaje decimonónico de esa literatura que leía. si estuviera lloviendo a cántaros en la calle y la humedad hubiera provocado que me dolieran todos los huesos; como si quisiera ser un niño que no desea crecer y como si tuviera miles de compromisos que no quiero atender y prefiriera tumbarme en la cama y acostarme hasta quedarme dormido y despertar cuando ya fuera demasiado tarde para arrepentirme de no haber hecho nada. 

Lo escuché todos los días, casi desde que salió a la venta. Lo compré en El tianguis de El Chopo. , un mes antes de

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