Por X o por Y, acompañamos a AJ a Town Square, un amigo quería verla y ella no quería estar sola con nadie. Yo no tenía muchas ganas de salir. Para huir de esta horrible realidad en la que acabo de publicar mi paper #20 en inglés, oficialmente (en el papel) obtener la distinción de Investigador Nacional Nivel II (con una trayectoria de más de 40 cursos de licenciatura y posgrado y más de 60 charlas de divulgación de la ciencia, en diez años), y concursar por 7 plazas de académico de tiempo completo en México (mi perfil no era el perfil más ad hoc en ninguna), en los últimos 4 ó 5 meses, leía a Carrère y a Kerouac, y preparaba mi presentación para un curso de medicina de sueño al que asistiré la próxima semana en Monterrey (el trabajo no para, pero mi cuenta bancaria no es un pozo sin fondo), pero le habíamos ofrecido cualquier cosa que necesitara a AJ. Me había despertado desde muy temprano, me había puesto a escribir, a adelantar trabajo (el trabajo no para, pero mi cuenta bancaria no es un pozo sin fondo): la revisión de ese MS de Frontiers in Psychiatry, la tesis de maestría del estudiante de RM..., y había escuchado esta canción de Britney Spears que quién sabe por qué ejerce un efecto hipnótico, me remonta a un punto de la pandemia, alguna tarde de viernes en la que andábamos cerca de Town Square, creo que cuando tuvieron que extraerme una muela, y en el auto sonaba esta canción, y de pronto habían transcurrido más de cuarenta minutos y yo traía shorts y sentía frío, y la sensación me molestó, ya estamos en esos días en los que no necesitas traer diez kilos de ropa a todas partes y sin embargo tampoco estamos en primavera.
El punto es que salimos a Town Square entre las 3 y las 4, y a las 6 ó 7 estábamos afuera de una casa en un fraccionamiento de Las Partidas, jugamos con 3 ó 4 gatitos de la calle, me rompieron el corazón, tuvimos que tomar un Uber y caminar unos metros sobre Las Partidas, y todo esto me remontó a 6 años atrás, cuando vivíamos en otro fraccionamiento por Las Partidas, acabábamos de llegar a Lerma, en ese lugar hacía frío hasta en la primavera, pasamos una situación económica horrible porque la universidad estuvo en huelga durante 3 meses, a veces salíamos a caminar por Las Partidas, como siempre, estábamos unidos, pero viviendo al límite, con nuestros ahorros. En fin, algunas cosas no cambian nunca, como dice esa canción de los Meat Puppets.