martes, 9 de julio de 2024

trato de desentenderme


Completo mi primer kilómetro. La voz de la mujer de la aplicación dice «Interrumpiendo entrenamiento», con su tranquilidad y con su claridad y con su tono inconfundible e imperturbable, y no quiero pensar en quién diablos es esa mujer que prestó su voz para que todos los que usamos la Nike Run Club App, la escuchemos. Tampoco quiero pensar en si le pagan un salario justo, ni tampoco quiero pensar si una inteligencia artificial está lucrando con su voz, como les ocurre a las personas que se dedican al doblaje. Tampoco quiero pensar en que, en caso de que estén lucrando con su voz sin darle un sueldo justo, yo estoy contribuyendo cada vez que salgo a correr y uso esta aplicación.

Completo mi primer kilómetro, la aplicación dice “Interrumpiendo entrenamiento” y van transcurriendo estos pensamientos, y “Unbelievable” –la fabulosa canción de EMF, la banda británica de rock y dance alternativo–, pasa a segundo término, así como pasan a segundo término todos los recuerdos que iban llegando a mi mente cuando escuchaba esta canción y me acercaba al primer kilómetro. Tenía tantos años que no escuchaba a EMF. Hace unos días, alguien puso el video de “Unbelievable” en su muro de Facebook y pasé por ahí y me acordé de lo mucho que me gusta esta canción y apenas hoy por la mañana la agregué a la playlist que escucho cuando corro. 

A la par de todo lo anterior, trato de desentenderme de ti, que me habías dicho en la escuela que querías invitarme el siguiente sábado a comer a un McDonald's, pero que irían también tus papás, cuando tú y yo estábamos en la secundaria y cuando los McDonald's no eran tan comunes, cuando tú y yo teníamos una relación tensa, que iba del interés a la indiferencia, cuando tú y yo no teníamos muchas cosas en común, tú estabas enloquecida por los New Kids On The Block, yo estaba enloquecido por la cercanía del mundial de futbol en Estados Unidos.

Trato de desentenderme de los recuerdos a los cuales me remonta esta canción, trato de desentenderme de ti, que me habías dicho el viernes en la escuela que querías invitarme al día siguiente a comer a un McDonald's, que ese viernes volví a la casa, quería salir contigo pero nada más contigo, no quería estar con tus papás, no tenía ni catorce años, no me gustaba hablar con adultos, no quería sentirme vigilado por tus papás, no quería que estropearan lo que yo sentía cuando te veía en la escuela.

Trato de desentenderme de ti, de que ese viernes, al volver a la casa, me senté frente al televisor y que lo encendí y que en un programa del canal 11 había una banda de chicos con ropas muy extravagantes, cantando esta canción que pasa a segundo término cuando la aplicación, además de decirme que acabo de completar mi primer kilómetro, me dice que completé mi primer kilómetro en casi seis minutos.

viernes, 28 de junio de 2024

whiskey en el avión

estoy muy nervioso, me pongo los audífonos, no quiero marearme ni tener un ataque de pánico, quién sabe por qué pero ya escuché dos veces “State of Love and Trust” y trato de enfocarme en la música, en los momentos agradables que he asociado con esta canción, el vuelo de ida no comenzó muy bien, de pronto ascendimos varias millas en unos cuantos segundos y me puse mal, me mareé, me sentí ansioso, me acordé de aquellos días de ERGE, cuando me daban ataques de pánico y no podía imaginar cinco minutos en el futuro, salimos del hotel a las 10: 40, nos tocó un taxista muy amable, nos platicó varias cosas sobre Puerto Vallarta, llegamos al Aeropuerto a las 11: 10 am, desayunamos en Wings, junto a unos extranjeros que nada más picaron sus alimentos y se fueron –3 mujeres, 3 hombres y un bebé–, caminamos por el Aeropuerto y salimos a un Oxxo que está en el estacionamiento del Aeropuerto y ella se tomó una bebida caliente y yo me tomé una Pacífico, todo mundo bebe alcohol en la calle, me puse a leer a Juan Rulfo en una mesita afuera del Oxxo, nos volvimos a meter al Aeropuerto, las bebidas en el Starbucks costaban alrededor de 10-15% más que en las plazas, documentamos equipaje, pasamos por el detector de metal, tuvimos que tomarnos el agua que llevábamos en nuestro equipaje, en el pasillo Duty Free vimos una botella de 1L de Jim Beam en $434 MXN35 millas, en la misma tienda vi Diablo Guardián en $348 MXN, no puedes pasar con 1L de agua al avión pero sí puedes pasar con 1L de whiskey al avión, estuvimos en la sala de espera alrededor de una hora, abordamos el avión, tuve que tomarme un Jack Daniel's para lidiar con la ansiedad, temía que el vuelo de regreso fuera igual de terrible que el vuelo de ida, junto a mí iba un extranjero jugando sopa de letras en su celular, Lizzie iba a mi izquierda, junto a la ventana, el vuelo estuvo bien, ahora ya me duele la cabeza, sólo quería escribir, pero apenas encendí la computadora, ¡bum!, ¡bum!, ¡bum!, me llegaron mil notificaciones, el 90% de ellas sobre productos que me venden distintas empresas, y no puedo dejar de sentirme esclavizado, nada más pones un pie en la tierra, el capitalismo te devora con sus fauces de un modo más salvaje que en el espacio aéreo.

miércoles, 19 de junio de 2024

Caperucita Roja


Son las 4 pm del domingo y estoy como Tyler Durden, excepto que no he pasado por ningún club de la pelea; simplemente no he dormido en dos días. Y, sin embargo, o tal vez por ello, no puedo dejar de pensar en que me gusta estar cerca de ti. Es un pensamiento que me persigue a todas horas, como el karma de no haber nacido con suerte de cuna. Y no sé cómo explicarlo, pero, entre el millón de cosas que transcurren en mi mente (no me gustó mi plática y ya estoy escribiendo el siguiente guión de la siguiente plática: «Los hallazgos científicos que nos permiten tener el conocimiento actual de la neuroquímica del sueño, se remontan a principios del Siglo XX...»), tú eres la única que no se ha transformado en algo pasajero, tú eres la única que tiene alrededor de 24 horas en mi mente. 

Ahora, para variar, quiero orinar. Y pienso en lo que me dijiste cuando nos topamos en el baño –¡Qué lejos están los baños! y me acuerdo de tu sonrisa y de la forma en la que te pasaste el cabello por detrás de una oreja y cómo bajaste la mirada lentamente. O tal vez no ocurrió nada así. No he dormido en dos días. Ya no sé hasta qué punto es real lo que parece real. Mucho menos sé hasta qué punto lo que recuerdo ocurrió realmente como lo recuerdo. Nadie me entiende. Lo único en lo que pienso ahora que quiero orinar es en que tengo muchas cosas qué hacer, y en que tengo la glucosa altísima y en que no puedo dejar de pensar en todas las cosas que tengo qué hacer. Es un círculo vicioso. También estoy pensando en esta banda que venden como la mejor banda de rock mexicano en los últimos diez años. Se trata de una banda prefabricada. Y el público compra todo lo que le venden. Y hay mercenarios del arte. En todas las formas del arte. 

Y vuelvo a recordarte decir «¡Qué lejos están los baños!» y quiero aplazar estas incontrolables ganas de orinar. Y de pronto me pongo a pensar que también me preguntaste si nunca intenté hacer algo con la música. No recuerdo qué te contesté. No he dormido en dos días. Ya no sé hasta qué punto es real lo que parece real. Mucho menos sé hasta qué punto lo que recuerdo ocurrió realmente como lo recuerdo. Nadie me entiende. Pero me hubiera gustado decirte «Sí, lo intenté, y, cuando estaba en la prepa, tuve que meterme a un trabajo horrible para poderme comprar mi guitarra», pero, más bien, todo fue una mentira. Y recuerdo que estaba pensando decirte que había ocurrido algo similar con la escritura. Y entonces ya te habías sentado, estabas a mi derecha, y había una banda en vivo y tocaban alguna canción de rock de los sesenta y la música era tan estridente que apenas me permitía escucharte. Y te veías tan frágil. Y me acordé que alguna vez escribí un relato sobre ti y que te llamé Caperucita Roja. Porque en mi mente, mientras escribía, estabas vestida como Caperucita Roja. En algún punto saqué esta libreta y me dijiste algo como «¡Ay, qué bonita libreta!»

Ahora estoy cansado y estresado. Pienso en que todo es prefabricado. Si escuchamos a alguna banda que todo mundo dice que es la mejor banda de todos los tiempos, y pensamos que es la mejor banda de todos los tiempos, es una cuestión de publicidad. Y si leemos a algún autor que todo mundo dice que es el mejor autor de todos los tiempos, y lo creemos aunque lo hayamos leído y nos haya parecido terrible, también es cuestión de publicidad. 

Cierro mis manos en puño y aprieto. Tengo las uñas largas. Lastiman mis palmas. Son como alfileres o garras de gato. No sé por qué siempre me ha puesto de pésimo humor sentir que tengo las uñas largas. Me pone ansioso sentir que tengo las uñas largas. Y recuerdo que en algún punto, mientras la banda tocaba alguna canción de rock de los sesentas, saqué esta libreta y me puse a anotar alguna palabra al azar para retomarla después, cualquier día, como hoy, y que miraste la libreta y que dijiste algo como «¡Ay, qué bonita libreta!». Y también recuerdo que nos topamos en el baño. Y pienso en que, a lo mejor, sueño que éste es un sueño que siempre quise soñar, y que no es el mejor momento para soñar, que debo levantarme de este asiento, de una vez por todas, y que debo caminar hasta el baño y orinar. Y tampoco puedo dejar de pensar en que salir a la calle y caminar horas y horas en busca de nada no es mi plan ideal para aprovechar mi tiempo libre.