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sábado, 12 de abril de 2025

Esta hamburguesa ya no sabe a nada


La última vez que estuvimos aquí fue en enero, cenamos lo mismo que estoy comiendo, la hamburguesa me supo un poco mejor, sólo han transcurrido cuatro meses desde entonces, pero teníamos más dinero y aún tenía fe en la academia, tal vez no nos sentamos en la misma mesa, nos encontramos a un par de vecinas, nos dieron un aventón en su auto, platicamos sobre cualquier cosa, empezar el año así representaba algo poco común, creía que significaba algo, que nuestras vidas cambiarían radicalmente, ahora hace calor, van a dar las dos de la tarde, estamos en el mismo Vips, no sólo estuvimos aquí en enero, también estuvimos aquí el verano pasado, invitamos a tus papás y a tu hermana, volvíamos de Puerto Vallarta, eran otros tiempos, también comimos aquí cuando el SNII me otorgó la distinción de Investigador Nacional Nivel II, me llevaba a la boca la Vips clásica con queso de entonces cuando el Rector de la universidad me felicitaba por correo-e, las meseras más o menos nos ubicaban y más o menos las ubicábamos, solíamos comer al menos una vez a la semana en este Vips, no volvíamos desde enero, las meseras son otras meseras, no me trajeron la Vips clásica con queso de siempre, se equivocaron, me trajeron una Champions, ésta tiene un montón de aderezo de chipotle, lo odio, también odio que en todas partes pongan el aire condicionado al máximo en época de calores, tengo un umbral bajo para el frío y un umbral alto para el calor, nadie lo entiende, no sé si es posible.

Son otros tiempos, la hamburguesa ya no tiene chiste para mí, he tropezado con la misma pared cuatro o cinco veces desde octubre, este negocio de la academia es una campaña política, en realidad a la mayoría de los académicos que tienen poder no le importa que estés en el SNII, que tus clases sean estupendas, que publiques al menos un paper al año y que hagas lo posible por publicar en revistas Q1, a la mayoría de los académicos le importan otras cosas que no son académicas, le hacen campaña política a candidatos que son torpes, que son incapaces de hacer nada por sí solos, que no dan clases, que sólo ponen a los estudiantes a exponer, que sólo leen diapositivas, que sólo publican con las mismas tres personas de siempre, y todos voltean a otro lado, ya tienen seguro un salario, para qué se esfuerzan, para qué luchan por la transparencia, y todo eso es un asco, un asco como esta hamburguesa y como este aire acondicionado al máximo.    

domingo, 26 de enero de 2025

We'll make great pets


Perry Farrell canta, me esfuerzo por recordar ese concierto que fue nota de cuatro columnas hace unos meses, cuando se peleó con Dave Navarro en el escenario, le soltó uno o dos puñetazos, el concierto fue suspendido, la gira de Jane's Addiction fue suspendida, después Dave Navarro dijo a los medios que Perry Farrell está enfermo, que tiene problemas de adicción, en fin, me esfuerzo por recordar todos estos eventos, pero lo hago porque suena esta canción de Porno for Pyros, y me hace sentir mal, ya la había escuchado mucho antes de asociarla contigo y sentirme así, ya la había escuchado mucho antes de que Perry Farrell le diera un puñetazo a Dave Navarro en un concierto en Boston y de que fuera suspendida la gira de Jane's Addiction, pero ahora me rompe el alma; estaba terminando de contestarle al Referee #5 de esta revisión que un colega de la Universidad Veracruzana me invitó a escribir y Alexa la reprodujo sin que yo se lo pidiera. 

Tengo alergia estacional y estoy sorbiendo los mocos y tratando de pensar en cosas positivas, en que esta mala racha no puede ser tan larga, pero en que siempre habrá Referees como el Referee #5, y la canción me hace pensar en ti, en cómo nos conocimos, en cuántas veces escuché como sadomasoquista esta canción de Porno for Pyros después de que me dieran la noticia, y me acuerdo de cómo nos conocimos, ni siquiera había conocido a Lizzie, ni siquiera había dado clases en la UNAM, fue mucho antes de ingresar al doctorado, una tarde mi abuela llamó por teléfono a mi mamá y le dijo que estabas en su casa, mi abuela sabía cuánto sufríamos mi mamá y yo porque Sócrates, ese terrible y encantador felino, no había vuelto a la casa en varios meses, ya nunca volvería y ni mi mamá ni yo lo superábamos, y entonces la abuela le preguntó a mi mamá si queríamos adoptarte y luego Eugenia me contó que la abuela te tenía en su casa y me preguntó si íbamos por ti y yo le dije que sí, que por supuesto que sí, y fuimos por ti a casa de la abuela, y la abuela le había advertido a mi mamá que tus antiguos humanos no te cuidaban, que te tenían en un pequeño granero, con un montón de gallinas y pollos, que no maullabas, que hacías esos sonidos que hacen los pollos y las gallinas –¡cuánto me duele acordarme de ti!, ¡se me cierra la garganta!, ¡es como si alguien me pusiera las manos alrededor del cuello!, ¡los ojos se me van llenando de lágrimas!, ¡es un dolor tan intenso!–, y entonces te transportamos desde la casa de mi abuela hasta la casa de mis papás, y todo el tiempo hacías esos sonidos que hacen las gallinas y los pollos, y estabas a la defensiva, en verdad parecía que nadie te cuidaba como lo merecías, que sólo te tenían en un granero, con un montón de gallinas y pollos, que no conocías otro tipo de vida, que a lo mejor para ti la vida no podría ser mejor que estar en un granero, pero fuimos muy felices, Camila, nunca se te quitó lo huraña, una vez Lizzie y yo veíamos una película en mi recámara en casa de mis papás, creo que era Texas chainsaw massacre, creo que era un sábado por la mañana, cuando acaba de entrar al doctorado, y allí estabas con nosotros dos, y a tu manera nos mostrabas que también nos querías, y de pronto Leatherface apareció en la pantalla y te asustaste y saliste corriendo de la recámara, y ocurrieron muchísimas cosas más, convivimos más de quince años, tuviste tres gatitos, nadie se había dado cuenta de que estabas embarazada, le dije a Eugenia que parecía que estabas embarazada y al principio no me creyó, pero eventualmente notó que por eso habías estado más huraña y a la defensiva que de costumbre.

Cuando nos mudamos de casa, dejé de verte mucho tiempo, sólo te veía cuando visitaba a mis papás, pero siempre te aparecías y te acercabas a mí y me dejabas acariciarte el lomo y me lanzabas esa mirada azul acero, teníamos un vínculo, y a lo mejor tu mirada decía que no comprendías por qué ya no nos veíamos a diario y por qué ya no veíamos a Leatherface y yo la ignoré, di por hecho que serías eterna, y transcurrieron más y más años, acabé el doctorado, ingresé al posdoc, ingresé al SNII, fui profesor visitante, fui profesor asociado, tenía un contrato temporal horrible, casi 15 horas de clase a la semana y ninguna seguridad de que las cosas mejorarían a corto plazo, y salía a la escuela a impartir una clase de Neurodesarrollo cuando me llegó un What's: era mi papá, me dio la noticia, habías trascendido. 

Se me hizo un nudo en la garganta, me acordé de todas estas cosas, de cómo Eugenia y yo fuimos por ti a casa de la abuela, me acordé de cómo habías salido corriendo de la recámara cuando apareció Leatherface en la pantalla, me acordé de tu mirada azul acero, me acordé de tus sonidos de pollo y de gallina, me acordé de cuando sospeché que estabas embarazada, y me acordé de asuntos más recientes, Eugenia ya me había dicho que últimamente estabas débil y apática, que no querías estar con tus hijos, que te echabas en un rincón todo el día, que no querías comer, que un veterinario ya te había visto, que no estabas enferma, que sólo estabas viejita. 

Después de leer el What's, salí a la universidad, me concentré en la clase, traté de no pensar en ti, de no culparme porque ni siquiera recordaba cuándo fue la última vez que te vi. 

La voz de Perry Farrell y la música me doblegan, no puedo evitarlo, me acuerdo otra vez de todas estas cosas, de cómo te conocí, de cómo dejé de verte todos los días, de cómo me dejé absorber por la inercia de muchos trabajos inestables, de que no sé cuándo te vi por última vez, que, de haberlo sabido, habría acariciado tu lomo mucho mucho tiempo, y luego tu cara, y luego me habría quedado viendo tu mirada azul acero, y te habría dicho cosas con cariño, te habría preguntado si te acordabas de todo, de cómo nos conocimos, de cuando estabas embarazada, de cuando veías películas con Lizzie y conmigo, de cuando Leatherface te asustó, y nos habríamos reído, cada quien lo habría hecho a su manera, y también te habría preguntado si te acordabas de cuando nos tomábamos fotos, de cuando ni siquiera había entrado al doctorado.

jueves, 21 de noviembre de 2024

La oscuridad me ha perseguido todo este mes

Durante casi dos semanas estuve tomando valaciclovir, tres veces al día. Durante dos semanas no he salido a correr. Durante dos semanas no he bebido una sola gota de alcohol. El sábado cumplí 10 meses sin fumar. Hoy estoy despierto desde las seis de la mañana. No quiero distraerme, tampoco quiero hundirme en la oscuridad que me ha perseguido todo este mes. Tampoco quiero dejar que el dolor se apodere de todos mis pensamientos, ni estar pensando en cuánto deseo rascarme la mano, el brazo y la espalda porque la comezón es insoportable. Se siente como si me hubieran arrastrado por el asfalto: me punza, me duele, me da comezón.

Quisiera deshacerme de todas estas sensaciones que no me dejan en paz, quisiera poner las cosas en orden, desahogarme, escribir sobre todo lo que ha ocurrido en los últimos días, pero Kilitos de Amor me pide que le dé su porción de Royal Canin, tengo que medirme la glucosa, paso mi lengua por el paladar y siento las encías inflamadas y sé que tendré la glucosa altísima, y no quiero hundirme en la oscuridad que me ha perseguido casi todo el mes. Yoko maúlla una y otra vez, sus maullidos son tan agudos que no puedo concentrarme, a veces suenan como cuando alguien pasa un cuchillo afilado por un vidrio, todo se puede romper dentro de mí, como le ocurrió al papá de Knausgård y como le ocurre a su esposa, o al menos eso es lo que dice en las últimas cien páginas del último tomo de Mi Lucha que estaba leyendo esta mañana antes de levantarme de la cama, cuando mi sueño fue interrumpido por el adormecimiento y por el dolor y por la comezón que siento en la mano, en el brazo y en la espalda. 

Ya estoy olvidando sobre qué quería escribir, el impulso de escribir se va desvaneciendo como el último sueño que tuve antes de despertarme, ese que fue interrumpido por los síntomas que dejó el herpes zoster, ese sueño en el que apareció esta chica que estudiaba la licenciatura cuando yo estaba terminando el doctorado y que a veces iba al laboratorio y que nunca me hablaba y que, luego, si coincidíamos en un congreso y ella ya tenía unos tragos encima, se ponía a platicar conmigo; esta chica que quién sabe por qué me intriga tanto, esta chica que no entiendo, somos de mundos totalmente distintos, y que quién sabe por qué aparece en mis sueños ocasionalmente. En ese sueño, ella pasaba junto a mí, subía unas escaleras que yo bajaba, a lo lejos se incendiaba una casa, estábamos en el tercer piso del edificio en el que viví toda mi infancia, la casa que se incendiaba formaba parte de una especie de mansión, el camino que llevaba de la calle a la mansión estaba rodeado de árboles y pasto, e incluso tenía una fuente y una pequeña autopista por la que pasaban autos lujosos. La mansión se parecía a esa mansión de Eyes Wide Shut, la última película de Stanley Kubrick. En el ambiente había una especie de nostalgia, como si estuviéramos atrapados en una película del cine de oro mexicano. Esta chica pasaba junto a mí, tenía la mirada perdida, llevaba puesto un suéter blanco con rayas negras y tenía cara de funeral. 

No sé qué puede significar ese sueño, estoy tratando de encontrar qué simbolizan el edificio de la infancia, el incendio a unos metros del edificio, las escaleras y Kubrick y el cine de oro mexicano, que yo bajo por las escaleras y que esta chica sube por las escaleras, cuando Lizzie entra en la recámara y de pronto me doy cuenta de que Jackson está acostado junto a mí en la cama. Él nada más contempla lo que ocurre más allá de la cama, cómo Lizzie entra en la recámara y se mete en el baño, y lo hace de un modo en el que parece que está evaluando los pros y los contras de levantarse de la cama. Es un gato sensacional, es el más paciente de los tres, también es el más travieso y más cariñoso. El que hace más vocalizaciones.

Estoy en todas estas cosas, cuando suena el teléfono, me ha llegado una notificación de What's App, es un mensaje de voz, intento ignorarlo, me acuerdo del domingo pasado, cuando un fulano me llamó por teléfono en la tarde y fue directo al punto, me dijo Su paquete de Amazon llegará en 20 minutos, y yo le dije que estaba equivocado, que yo no había pedido nada, y luego me preguntó ¿Cómo está? y yo le dije la verdad, que estaba más o menos, ese día cumplía alrededor de 10 días con herpes zoster y en tiempo récord me habían bateado de tres convocatorias para plazas de académicos de tiempo completo en dos universidades distintas, y entonces le pregunté al fulano cómo estaba él –hasta ese punto, ni él me dijo su nombre ni confirmó el mío, como suelen hacer los ejecutivos de ventas cuando te llaman por teléfono– y él me dijo algo terriblemente patético –Con salud y con trabajo, gracias a Dios– y allí fue donde confirmé que se trataba de una estafa, que el sujeto tenía estudiado su discurso de persona de bien, que, seguramente, si me lo encontraba en la calle, se vería como el mundo de las apariencias nos ha dicho que debe verse una persona de bien: cabello corto (fascistoide), saco, camisa formal, pantalones caqui, zapatos con punta de pico de pato... Sin pendientes en ningún lóbulo, obviamente. Sin tatuajes visibles, obviamente. Entonces, cuando le iba diciendo Ah, aquí es la parte en la que me vas a pedir que te dé un código que me llegará a mi What's App, él colgó. No sé dónde leí que a una celebridad la estafaron de una manera similar, pero aprendí algo de la experiencia de otra persona.

Escribo estas líneas y trato de ignorar el mensaje de voz que acaba de llegarme por What's App. Hay un montón de distractores en todas partes. Yo sólo quiero desahogarme, olvidar estas dolorosas sensaciones que carcomen mi mano, mi brazo y mi espalda, y que me hacen sentir como si me hubieran arrastrado por el asfalto y que me hacen desear rascarme hasta arrancarme la piel, y que tal vez son una manera en la que mi cuerpo me está diciendo que mande todo a volar, que deje de pensar en la oscuridad que me ha perseguido todo el mes, que la academia es una farsa, como el fulano que quiso estafarme por What's App el domingo pasado, que todas las plazas académicas tienen nombre y apellido, que he conseguido en tiempo récord mucho más de lo que podría conseguir cualquier académico con contratos temporales. Que puedo hacer muchas cosas que jamás podrá hacer nadie a quien le ponen todo en bandeja de plata. Que debo aprender de mi propia experiencia, que es un poco absurdo aprender de la experiencia de otras personas y ser incapaz de aprender de tu propia experiencia.

O tal vez este dolor y esta convalecencia no significan nada, tal vez nada significa nada, tal vez esto no significa nada, tal vez tu aparición en mis sueños no significa nada, tal vez los distractores son la realidad, tal vez la selección mexicana de futbol es lo único real, tal vez todos los días debemos salir de nosotros mismos, tal vez nosotros somos nuestra propia oscuridad, tal vez las enfermedades son todas psicosomáticas, tal vez lo único real es que no podemos vivir de satisfacciones personales, somos adultos y no podemos pasar todo el día en la cama, huyendo de las responsabilidades porque estamos tristes.

viernes, 9 de agosto de 2024

ya no puedo hablar, tengo la garganta seca

me miran desde los pupitres, algunas estudiantes no levantan la mirada, otros compañeros toman notas en sus libretas, otras chicas toman fotografías con sus teléfonos, otros chicos intentan no distraerse en la última fila, y no soy una estrella de rock, pero esto es lo más parecido a ser una estrella de rock: estoy en trance, de pie, frente al pizarrón, el proyector está conectado a la Mac, me apoyo en una diapositiva en la que hice una caricatura de la vía biosintética de las catecolaminas, puse una neurona emisora y una neurona receptora, puse la maquinaria de biosíntesis en la neurona emisora, las enzimas que convierten tirosina en l-dopa y l-dopa en dopamina, y también puse el transportador vesicular de monoaminas, y los receptores de la familia D1 y de la familia D2 en la neurona postsináptica, y me encuentro como en un sueño, es el jueves 1 de agosto del 2024, de pronto me pregunto cómo fue el 1 de agosto de 1994, uno de mis primeros días de clases en la preparatoria, tengo un flashback, la enfermedad y el parecetamol con naproxeno sódico y la betametasona y la loratadina y el ambroxol y la dapaglifozina se apoderan de mis pensamientos y regreso al aula C-1 de la universidad, soy treinta años más viejo pero es el presente, y he estado enfermo desde el lunes, y hoy es jueves y estoy haciendo lo que me gusta, algo que tal vez más o menos sospechaba que podría ser mi vida adulta cuando estaba en la prepa (me fascinaba exponer en clases y prepararme y leer todo tipo de información relacionada con el tema de la exposición, y podía hacerlo solo, sin necesidad de ponerme de acuerdo con un grupo de compañeros), y en esta ocasión estoy hablando sobre los neurolépticos típicos (esos que fueron descubiertos accidentalmente en la década de los cincuenta), y también estoy hablando sobre los receptores ionotrópicos gabaérgicos y sobre el alcoholismo y sobre mi tío que bebía alcohol del 96 y que tiene más de un año sobrio porque lo amenazaron con quitarle la casa de mi difunta abuela, y también estoy hablando de la autopsia de Amy Winehouse, a quien le encontraron 416 mg/dl de alcohol en sangre, del alcoholismo de Amy Winehouse, de la sobre estimulación de los receptores gabaérgicos tipo a, de los que permiten la entrada de iones cloro al interior de la célula cuando son estimulados por el alcohol, por las benzodiacepinas y por los barbitúricos, y de pronto me quedo sin voz, siento escozor en la garganta, siento que mi garganta está seca, que la enfermedad me ha dado un gancho al hígado, que estoy noqueado, que no tengo fuerzas para continuar hablando sobre algunas celebridades que aparentemente también murieron por sobre estimulación de receptores gabaérgicos ionotrópicos, como Jimi Hendrix, o que estuvieron en coma, como Kurt Cobain, por haber combinado valium con champaña, que debí haberme quedado en casa, después de todo ni siquiera el cubículo que me asignaron en la universidad tiene mi nombre y después de todo ya tengo seis años en esta universidad y llegué como investigador nacional nivel uno y a partir del 1 de enero del 2025 seré investigador nacional nivel dos, y todo ha cambiado y sin embargo estoy igual o peor, y acaso me quedé callado o externé mis pensamientos en voz alta y por eso los estudiantes me miran desde los pupitres, algunos alumnos no levantan la mirada, otras compañeras toman notas en sus libretas, otros chicos toman fotografías con sus teléfonos, guardo silencio, inhalo y exhalo, estoy a punto de toser, siento escurrimiento nasal, les pregunto a los estudiantes qué hacen al final del trimestre con todas las fotografías que toman en mis clases, mientras una chica levanta la mano y le doy la palabra pienso en cuánto han cambiado las aulas en los últimos treinta años, cuando yo era estudiante ni siquiera había teléfonos celulares, mucho menos computadoras portátiles y iPads, ni ningún dispositivo que nos hubiera permitido tomar fotografías y verlas inmediatamente o almacenarlas inmediatamente en un dispositivo electrónico, y ella –la chica que pidió la palabra–, sonríe y dice que tiene un álbum de fotografías de todas las fotografías que toma en clases, y yo les sonrío y les digo a los estudiantes que sería divertida una exposición de todas las fotografías que toman en las clases del trimestre, y entonces inhalo y exhalo, el deseo de toser y el escurrimiento nasal han cesado momentáneamente, y vuelvo a mi clase, abandono las ensoñaciones, no soy más víctima de los flashbacks, me siento como una estrella de rock, reconozco que impartir una clase, o una conferencia, frente a un grupo de estudiantes, o público en general, y hacer todo lo que está a mi alcance para despertar su curiosidad, para interesarlos en un tema, y para que encuentren la manera de entender ese tema en sus propias palabras y el conocimiento les permita mejorar sus condiciones de vida y las de su comunidad y las de la humanidad, será lo más cerca que estaré de ser una estrella de rock, las aulas de clases son el escenario, el backstage son todas esas horas que invierto en la preparación de mis clases, esto, encontrarme de pie, quedándome sin voz, con un montón de medicamentos estallando en mi cerebro y en mi sistema nervioso autónomo, es lo más cerca que estaré de encontrarme en un escenario frente a millones de personas mientras ellas me prestan su atención y yo me acerco lentamente al micrófono, aparentando que no me importa nada, controlándome, equilibrando el rush y el nerviosismo, sintiendo oleadas de adrenalina ascender por mi vientre, tratando de ignorar que puedo equivocarme y mandar todo al carajo, sujeto la púa entre el pulgar y el índice, tomo aire, me preparo para la inmersión, digo «Gracias por estar aquí», toco la guitarra y la gente se vuelve loca apenas suena el primer acorde de la canción.

Ya estoy de nuevo en el Aula C-1, he recuperado el ritmo, ya no tengo ganas de toser, ya no siento escurrimiento nasal, ya no tengo la garganta seca de tanto hablar.   

miércoles, 31 de julio de 2024

oídos tapados


Tengo los oídos tapados, empiezo a toser, escucho a System of a Down, el cantante dice Desire y yo me siento medio aniquilado, todo lo que como me causa dolor, atraviesa mi garganta, hace que sienta que mi garganta es una herida abierta, el dolor que causan los alimentos es un dolor que no me desagrada del todo, se parece al dolor que provocan las cortaditas de papel en las manos, pero también tengo flemas, ayer eran incoloras, hoy son amarillas, pero sobre todo sentir los oídos tapados es lo que me hace saber qué tan enfermo estoy, todo comenzó el lunes, hacía calor, me llevé unos pantalones que dejan al descubierto los tobillos, me llevé unas calcetas cortas, estuve desde las diez y hasta las cinco en la universidad, tomé un seminario en línea y luego fui a hablar con el responsable de vinculación, quería aclararle algunas cosas de mi actualización de situación ante el SNII, vi a la secretaria académica, fue muy amable, luego trabajé un rato en el cubículo, envié mi solicitud de actualización laboral ante el SNII, llegó la chica que limpia el O011.14 y me salí y parecía un día totalmente distinto, hacía mucho viento y estaba nublado, y me metí a una sala de estudiantes, la puerta estaba abierta, estuve allí apenas cinco minutos, hacía mucho viento, cuando volví a la cubículo y me puse a trabajar otra vez sentí un escozor en la garganta, le di un sorbo a mi té de frambuesa y manzanilla, y empecé a producir mucha saliva, y sentí que tenía mocos atorados en la parte trasera de las fosas nasales, entre la garganta y la nariz, y luego vine a casa y más o menos lidié con las molestias, me tomé un paracetamol y un teraflú, y no pasé una buena noche, estuve con molestias en la garganta, pensando en si daría mi clase de las ocho de la mañana del martes, y me desperté con la molestia en la garganta, y me levanté y me bañé y me fui a la escuela y di mi clase y me sentí un poco mal, me había tomado otro paracetamol, y me quedé medio afónico aunque no hablé demasiado en clase, vi a otra estudiante que quiere hacer su servicio social en la centro neurológico de sueño, me topé con otra estudiante en los pasillos de la universidad, fui a servicios médicos en la universidad, me tomaron la temperatura y la presión, me dijeron que tengo un poco irritada la garganta, me dieron paracetamol y naproxeno sódico, volví a la casa temprano, entre las 12: 30 y las 13: 00, y llovió mucho, y me la pasé durmiendo y leyendo y enviando correos-e, y pasé una noche mejor que la del lunes pero mis flemas están súper verdes y ya empiezo a sentir constantemente la nariz tapada, igual que los oídos. Desde ayer estoy tomando celestamine cada 12 horas y naproxeno sódico con paracetamol cada 8 horas.

jueves, 19 de agosto de 2021

133 mg/dL



Tener el puncionador en mi mano izquierda y presionar el botón con la punta del puncionador sobre uno de mis dedos inhábiles –¿cuál será el afortunado en esta ocasión?, ¿el meñique, el anular, el índice...?– y adivinar la breve descarga de la lanceta penetrar mi carne como una corriente eléctrica que no es otra cosa sino un pinchazo al que mi cerebro y mis dedos –y sus capas más superficiales de células muertas y quizá un poco de epidermis– se han acostumbrado durante más de cuatro semanas: desde que me dijeron “Eres diabético”. 

Ser incapaz de no pensar en el daño que podría hacerme si me llevara el puncionador a uno de los ojos y presionara allí el botón, como reflejo de una pérdida abrupta de control sobre mí mismo o como reflejo del hastío y de la autodestrucción que me acosa en los sueños y en los primeros minutos del amanecer, y tratar de distraerme y enfocarme en los mecanorreceptores de las yemas de mis dedos –¿corpúsculos de Pacini?, ¿discos de Merkel?, ¿corpúsculos de Ruffini...?– que serán estimulados salvajemente, para darle vuelta a la página, decidirme de una buena vez a presionar el botón y continuar con este amargo ritual.

Haber colocado antes, durante todas estas mañanas (y algunas tardes) la tira reactiva sobre el lector del glucómetro para que, justo cuando presiono –con el pulgar de mi mano hábil– el dedo elegido en este sacrificio de glucosa, pueda dirigirlo al punto indicado en la tira reactiva lo más rápido posible –antes de que el bip del glucómetro deje de sonar y se desperdicie la tira reactiva– y entonces allí derrame su sustancia vital que terminará por decirme mi nivel de glucosa en ayuno.

Estar esperando el resultado, degustando el rancio sabor de la metformina en mi paladar, mientras procuro respirar pausadamente para evitar concentrarme en el dolor de estómago (ocasionado por el fármaco) que suele acompañarme todo el día y mientras el bip del glucómetro indica que el glucómetro está haciendo su trabajo.

Haber corrido alrededor de cuarenta minutos y cuatro kilómetros y medio, más o menos durante todas estas semanas, antes de haber pinchado el dedo elegido y antes de haber vertido la gota de sangre en el lector del glucómetro, y haber comido frutas y verduras y haber evitado los jugos, los refrescos y los dulces, y las harinas y las grasas, tanto como me haya sido posible –uno o dos días a la semana, me aburro del sabor de las calabazas y de los ejotes y de los espárragos y del brócoli y compañía, y me como una rebanada de pizza o una hamburguesa con papas a la francesa o una milanesa, pero nunca bebo ninguna bebida carbonatada ni azucarada– durante más de cuatro semanas, y que el lector diga “133 mg/dL”, es decepcionante.