Apenas iba a cumplir 18 años, estaba en segundo semestre de la licenciatura, eran tiempos de A thousand leaves, de Sonic Youth y de Adore, de los Pumpkins... y la gira de Popmart tenía un par de meses de haber terminado, pero todo mundo estaba enloquecido por Ricky Martin, Robi Draco Rosa había compuesto “Livin' la vida loca” y como era la canción de Francia '98, sonaba en todas partes.
Durante casi un mes me había concentrado en el mundial de futbol, para evadirme de mi principal preocupación: decidirme a hablarle por teléfono a Lilly (my one and only), una chica mayor que yo, la conocía del primer semestre, le gustaban Los Beatles, era bailarina de danza y vivía sola en un departamento en El Paseo de las Facultades. Tenía más de medio año con su número telefónico y una vez habíamos salido a La Cineteca, creo que vimos Criaturas Celestiales y que no nos sentamos juntos en la sala porque ella o yo llegamos tarde. Lilly era muy directa, al despedirnos en el metro Coyoacán después de la película y platicar un rato por ahí (¿vimos pasar a Pedro Armendáriz?), ella me había preguntado ¿Qué esperas de mí?, y ese 4 de julio de 1998 su pregunta seguía dándome vueltas en la cabeza, era obvio que yo quería que estuviéramos juntos pero no se lo dije, le di vueltas al asunto, y probablemente ella sabía que me gustaba y le parecí un idiota.
Traía los audífonos puestos, a lo mejor escuchaba Down on the upside, de Soundgarden, y no dejaba de pensar en ella, hacía más de dos meses que no la llamaba por teléfono, no me atrevía, me abrumaba la posibilidad de no encontrarla o de enterarme de que había salido del país y que volvería hasta después del verano, o que ya tenía novio, la había idealizado tantas veces, estaba enloquecido por Lilly (my one and only) así como la gente estaba enloquecida por Ricky Martin.
Mi papá conducía el Jetta, había una fiesta en casa de su hermano, cualquier cosa me ayudaba a evadirla, a dejar de imaginarme mil escenarios catastróficos antes de atreverme a llamarla por teléfono, pero de pronto, cuando nos detuvimos en un semáforo, recordé la primera vez que la llamé por teléfono, debió de ser una tarde entre semana, y la desperté, su voz adormilada alimentó la forma en que la había idealizado, me dijo que estaba con problemas de salud, que tenía anemia, esa tarde la invité a la Cineteca y ella aceptó.
La fiesta en casa del hermano de mi papá estuvo súper aburrida, debió de ser un cumpleaños, un primo andaba en su etapa de nigromante y me leyó las cartas, me dijo que había «una mujer blanca en mi vida”, Lilly (my one and only) no era realmente blanca, más bien era muy pálida y bajita, nada que ver con las adivinanzas de mi primo, la fiesta estuvo aburrida, pero todo mundo se emborrachó, uno de los grandes amigos del hermano de mi papá se me acercó en un punto de la fiesta y me preguntó si no me gustaba bailar para estar en contacto físico con las mujeres, me puso una mano en un hombro y me miró de una manera extraña, han pasado más de 30 años y creo que me tiró la onda, en fin, esa persona ya está bajo tierra, estoy casi seguro de que nunca salió del clóset y sospecho que tengo un nivel moderado de autismo y entiendo por qué me abrumaba tanto hacer una llamada telefónica (por qué me ha abrumado tanto hablar por teléfono con distintas personas a lo largo de mi vida), escucho Boy, de U2, me acuerdo de Davor Suker y de Zinedine Zidane y me pregunto qué es de Lilly, ¿se acordará de mí?
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